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6.7.11

0.5

¡Qué boca grande que tienes!
Y, no, no es para comerme:
será que es necesaria
tamaña apertura para liberar el caudal
de tanta verborragia que ni represas ni represiones pueden detener
será
la potencia de tu voz agrandándola en cada palabra
Y el contraste:
mis labios pequeños
no emiten
sonido.

***

(Busco la pluma y escribo. Pienso, recapitulo, voy recorriendo uno a uno los recuerdos, tratando de memorizar las impresiones del alma. Es imposible. Los soportes son distintos, y no hay palabra-concepto para aprehender eso que vos tan simple y delicadamente deslizás en un monema: "te quiero". Sí, monema, porque el objeto es indisociable del verbo, porque paciente y agente sólo cobran sentido en la acción, porque es la interdependencia y simbiosis lo que les da lugar en este mundo. "Te quiero": vos lo decís así; ¿y yo? Yo no puedo, decir "yo también" es como poner un espejito rebotín que intenta vanamente devolver el maleficio, y eso sí que yo-no-quiero. Entonces vuelvo, a la pluma y la memoria, tan infértil, tan fugaz, apenas sí conserva algún registro del cuerpo, mi cuerpo, cuando descubre el tuyo y reacciona, una sonrisa leve dibujada en mis labios, en los ojos un júbilo sutil, y la única respuesta posible, acercar mi humanidad para encontrarte en un abrazo: por un instante se detiene el mundo -y desaparece.)

***

Ojalá puediera
hablar como vos
con la mirada
ésa tan fuerte
-y pasional-
ésa que nunca calla
porque no necesita decir
ésa
sos vos
Y yo, del otro lado
con estos ojos tristes
empequeñecidos de tanto llorar
-de tanto callar-
espero
con estas palabras
el bálsamo.


***


Y a veces no puedo
ni siquiera
escribir.

31.5.11

de rojo carmesí

Cambiar de piel como una víbora
y esperar por un tiempo guardado
casi una hibernación
antes de volver a salir
los colmillos afilados como nunca
y como siempre la lengua bífida
partida
amenazante
¿temblorosa?

Y, un poco se sacude;
será que refleja la duda de este espíritu inquieto
la duda que
-quizás-
no sea tan duda
sea más excusa que método
como sea
pero es igual de inquebrantable:
hoy ya no quedan verdades para decir,
mucho menos cuentos para ser tragados.

***

El veneno es el mismo:
de la boca directo a la sangre
paraliza el cerebro
acelera el corazón:
apenas un fugaz instante de agonía
antes de caer
en una inconsciencia casi extática
y la muerte.

Yo me arrastro
muy despacito
sufriente
indigesto.

23.5.11

A merced

Primera imagen:
desde el cielo rompe el alba
entre nubarrones el resplandor
un fuego ardiente abriéndose camino
inunda el alma con su candor.

Complemento:
en el valle en el bosque
entre los pinos bajo el sol
floreciente y refrescante
despierta la primavera.

***

Dos:
perturba el orden la furia de Neptuno
de la calma de la tarde me sacude la tempestad:
me congela el pánico
se detiene el mundo
y ya no es
ni día,
ni noche.

***

Diez:
la felicidad está en la permanencia:
durante todo el año poder despertar
tras el apacible sueño de una noche clara
con la brisa fresca de un amanecer veraniego.

También, X:
el eterno retorno
en el cuerpo de una sonrisa
y la calidez del hogar.

***

93:
no hacen falta puentes
tras el temblor en la falla:
dos islas son ahora
una, y la misma.

***

Contexto:
El cuadro está completo:
en sus partes la armonía
de los detalles y sus agregados;
el conjunto indivisible
es bueno, bello, perfecto.
Debajo estoy yo
espectador
en creativa contemplación
reavivando fantasmas
desintegrando el miedo:
el alma se regocija
porque esta noche
vuelve a latir el corazón.

***

Síntesis:
Dedicarte un poema,
escribirte una canción:
tratar de llevar a palabras
a unos breves trazos de tinta
las aguasfuertes inextricables
el sentir tras la impresión.

1.3.11

Close your eyes, and...

Hay dos palabras
-ésas-
que yo no sé
cómo
decír
te
las.
¿Te amo?
Ése podría ser el nombre de un vino
-uno que nunca compartimos-
-uno que nunca-
podría ser
un sintagma como cualquier otro
porque las palabras significan sólo con el cuerpo
cuando lo que se juega está en los acercamientos
las miradas
en tantas cosas
que no te digo
¿Te amo?

¿Sí?




No.
Pero hay algo
tenés algo
una de esas cosas que son de otro planeta
una de esas cosas que te hacen un ser único
maravilloso
aterrador y espeluznante
hermoso y cautivante
vos
murmullando en el silencio
gritando con tus ojos
el suplicio de mi quietud:
¿Te amo?





Unas piedras mojadas,
el recuerdo de lo inexistente:
porque yo te amo,
pero no.

26.2.11

Sweet Carolina

Carolina imagina divina rutina:
fina Cristina en la tina patina- ¡minina!
Termina la mina cual sardina.

Agustina, filipina cretina, anodina,
anilina empina y cansina opina:
"¡La ruina!"

Vanina, la andina, con Alina cocina:
harina canina y gelatina, lecitina y vainillina:
a la cantina fulmina.

21.2.11

Alas

Alta en el cielo
no un pájaro, no un avión
mucho menos Superman
es un águila
-pero no guerrera-
-no de verdad-
elevándose, volando
libre
-es la ilusión-
-es la esperanza-
un eco susurra
-saber que todo va a estar bien-
-una frase tan trillada-
-tan vulgar-
un soplo de vida
un grito en el viento
ausentarse del mundo por un momento y sentir
y vivir
sin restricciones
sin consecuencias
sin desenfrenos
en la calidez del hogar
en la calma del refugio
porque hay tiempo para todo
menos para el goce
de este momento sagrado.

***

Es el ojo
-no sé si de la tormenta, o del gran hermano-
del mundo
esta mirada que encierra
que ciega
que alegra
ante la impotencia
la posibilidad
de lo mínimo.
Un poco de aire,
respirar.

***

Si te digo que te amo,
¿no te enojás?
¿Me lo prometés?

A veces pienso
y, a veces
no:
miráme a los ojos:
Te amo.
No te enojes, por favor.

15.2.11

Weednights

Dark Nights

Debajo
de la noche
oscura
respira
muerde
el terror.
El pánico
no saber
lo desconocido
un algo
aprieta
y duele
y suelta
-no suelta
vuelve a apretar-
-y aprieta
y no deja
respirar-
una lágrima
cae
no más
silencio
de noches claras
quietas
agitadas
turbias
muertas.



Noches Claras

Y sabés
que te miro y siento
que ya no hace falta
decir
nada.
y te miro y siento
que no siento
el terror.
Y sabés
vos también
que no hay
peligro.



De Luna Llena

El reflejo me transporta
un lugar de paz
el verde monte con el pino
corta el cielo de la noche.
De mí interior brota
helado como el viento
un aullido feroz.
¿Soy la Bestia,
no puedo ser
el cazador?
Me escondo debajo de las baldosas
mientras espero
sin saber
si es para protegerlos
o agarrarlos desprevenidos.



Pitch Black

Me favorece
en mis movimientos silenciosos
a través de los tejados
un salto de calidad
¿para robar?
¿No estoy del otro lado
deteniendo al agresor
protegiendo el tesoro?
En la oscuridad
ya no veo
el frío hierro
que me ha de despedazar.
en la oscuridad
ya no siento
el corazón.

17.9.10

Tomado

Sangre chorreando por las paredes
Nuestra sangre
las entrañas vomitadas y todas desparramadas
somos como animales
nunca domesticados
por fuera de toda razón brota este latir
un poco asesino
sobre todo kamikaze.


¿Dónde están las palabras
cuando nadie las busca?


Es una sucesión infinita
seriada
predecible,
pero nadie la menciona.

Ya casi es primavera,
las hojas siguen secas y cayendo
las flores marchitas,
olvidadas,
dos veces muertas
la rosa con su vida pierde el nombre
como este invierno que se desdibuja
sin horas ni estaciones
el frío perpetuándose entre la oscuridad
Y esta noche,
¿cómo escribo,
si no tengo lápices
ni memoria?

9.8.10

Times

Te llamás Mariana, o Lucía, no me acuerdo ya. Nos conocimos hace tiempo, cuando niños y el arenero. Vos ibas de juego en juego, libre con tus pelos largos y lacios al viento. Yo te veía ir desde el subibaja y sabía que eso que ardía en mí era el amor.

Mucho tiempo después te vi pasar por la calle. Ya para ese entonces había olvidado tu nombre, pero en cambio descubría que la calidez de esa sonrisa se había transformado en una marca indeleble. Escuché tu voz y reconocí ese cantito en las últimas sílabas de las esdrújulas y supe que lo recordaría para toda la vida. Vos no me reconociste, o te hiciste muy bien la boluda.

Hoy te vuelvo a ver, sentada en este bar. Estás pagando tu café con leche y te vas a ir y yo no me atrevo a hablarte. Acaso sólo me quede un resto de amor consumido, un dejo amargo en la boca, la añoranza de esos labios que no voy a probar, el recuerdo de un rostro destinado a desvanecerse junto a su nombre.

15.6.09

¿Qué hacer cuando se acaban las certezas? ¿Qué cuando las creencias caen, una a una, hasta que ya nada queda en pie? Tiembla el mundo, y rompo en llanto. ¿A qué predicarle el ser? En el discurso de lo contingente nada es estable, nada donde hacer pie y comenzar a avanzar. ¿Es éste el límite? ¿No poder conocer redunda en no poder hacer? Eppur, si muove. El movimiento existe, a pesar de Zenón. El movimiento está, yo lo veo, ahí. ¿Y qué es lo que permanece? El río es y no es el mismo. Su esencia, el fluir, cambiar permanentemente, no ser. ¿Cómo hablar, cómo decir algo de él? Y sin embargo, hablamos, nos movemos, decimos que somos, que las cosas son. Las cosas fueron, en movimiento, yendo sin rumbo. ¿Existieron? Caídas las estructuras, no hay humanismo posible. Todo es caos, se mueve sin dirección, arrastrado por la corriente. Fumarse un porro y evitar todo posible intento de acción. Trasladar la determinación y la responsabilidad a una infinidad de circunstancias ajenas e incognoscibles, incontrolables. ¿Existe la voluntad? ¿Existen estos seres grises, a la deriva, perdidos? La sonrisa vacía de un sujeto ausente, ése que no puede decir ni hacer pero se mueve, como se movieron las cosas hasta su desaparición, su disolución en ese otro universo al que no podemos acceder, no todavía. Allá el mundo de los muertos, acá yo. Inmóvil, perdido. Perdiendo. El cigarrillo fue humo antes de diluirse. Todavía puedo saborearlo, a ese objeto ausente-inexistente. Como Ella, en mi boca antes de desaparecer.

2.8.08

Todo empezó aquella tarde de verano. Tenía yo quince años, y mientras fumaba un pucho en la puerta del edificio vi llegar un auto seguido por un camión de mudanza. Del auto bajó una pareja cincuentona, seguida por sus dos hijos: ella una hermosa rubia veinteañera, flaquita, metro sesenta y cinco, una sonrisa inquietante y unos deliciosos ojos color miel, él alrededor del metro setenta y ocho, diecisiete o quizás dieciocho años, pelo corto castaño casi cobrizo, una espalda con largas jornadas de trabajo en el gimnasio, su mirada era azul y profunda, como ese aire de seriedad que transmitía la rectitud de sus labios. El padre, con su bigote ya canoso y una boina salida de otro planeta, se dirigió a los empleados de la mudadora para darle algunas indicaciones, y luego tocó el timbre del encargado del edificio. Las dos mujeres charlaban, luego de encender sendos Virginia Slims. Mientras yo contemplaba con una cierta curiosidad la escena, con la misma seguridad con que bajó del auto, el hijo se acercó a mí. Su voz, tan grave como su mirada, emitió las palabras mágicas: “Me llamo Juan, soy tu vecino del octavo ‘c’”.

8.5.08

Un día me desperté pasadas las 10 de la mañana y al rato me encontré con un mensaje que, en alguna parte, decía “y vos, a pesar de todo, seguís siendo un chico de la retórica, un retoric-boy que maneja muy bien los monólogos”. Decía otras cosas, también, pero a la larga lo que quedó fue eso. Porque, en el fondo, no era más que una retoric-girl contestándome en un diálogo de sordos. Porque, en el fondo, es eso. Una era mediatizada en donde el verbo ya no es carne, donde la palabra es una imagen que se lee en una pantalla o un papel, y donde ya no quedan dudas de que la relación entre dos cuerpos está mediada por un vacío que sólo atraviesan unas cuantas ondas electromagnéticas y un simbolismo imaginario. Allí a donde llegan las palabras Eros no es más que una ilusión, donde el amor concebible no es el amor posible. El sujeto enamorado no existe: sólo hay un cuerpo pathológico y un yo esquizofrénico. ¿La alternativa? Ser un retoric-boy.

Entonces soy eso.

Un sofista cualquiera, un discurso verdadero y vacío, tautológico, casi axiomático (un sofista berreta, también: encima de todo, mi discurso es inútil). Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo, todo es del olvido en ese devenir constante que carece de historicidad y llamamos “ahora”. Todo es un juego, una suerte de make-believe, mientras que en mí no hay más que un poco de frío, un sueño no soñado por alguien. Me llamo tanto William Shakespeare como Jorge Luis Borges, o George W. Bush, o Pelotudo. Soy mucho y nadie: un retoric-boy, un ente imposibilitado de ser, de conocer, de transmitir; un creador de la nada: un escritor.

10.4.08

Llena de pulsión y de muerte, la vida se abre ante mí. El deseo no es voluntad, una furia intempestiva que surge en mi interior y no atraviesa ningún proceso racional o momento de conciencia. Podría haber sido Jack The Ripper en otra época, pero me he sofisticado: prefiero el goce y la pulcritud de mis puños antes que el frenesí sangriento inspirado por un cuchillo. He aprendido de la historia. Libre de complementos artificiosos, mi cuerpo se eleva por sobre el mundo. Fluyo entre las esferas sociales sin necesidad de apariencias o fingimientos: Yo soy mi imagen. No hay nada para desvelar, no hay una substancia invisible. Sin forma, sin causa, soy el instante que me atraviesa. Desprovisto de memoria, la imposibilidad del recuerdo es la ausencia de una cordura que desarme mi ser. Y ésa es mi victoria: allí donde está la falta, me constituyo entero.

***

No hay contradicción de los términos. No hay otro a mi altura. Escribo estas líneas para nadie. Escribo para mí, para partirme, en busca de ese último reducto de humanidad que quiere fragmentarse en historicidad. Quizás algún día lea, comprenda. Quizás. Quizás exista algún día. Quizás no exista ninguno.

***

Toco el cuerpo, con un dedo toco el cuerpo y lo recorro, descubro un cuerpo sin vida, sin historia. Sus ojos no se fijan en mí. Sus ojos como los míos ven la nada, el abismo después de la muerte. Hay un cuerpo muerto a mi lado. Lo miro, lo pateo. Dejo la habitación. Hay otro cuerpo muerto a mi lado.

***

El cuerpo grita mientras es penetrado. Su vientre recibe mis arremetidas una y otra vez. El cuerpo grita, gime, jadea, grita. Tiembla. Sus piernas caen, sus brazos me rodean. Fin del calentamiento. No salgo de su interior. Mi mano derecha aprisiona su garganta. Con la izquierda torturo sus pezones. El cuerpo gime, grita. Mis puños se alternan para golpear su rostro. Salgo. Entro. Golpeo. Salgo. El cuerpo grita. Me incorporo, tomo al cuerpo por los brazos, llevo su vientre a mi rodilla. El cuerpo cae. El cuerpo gime, solloza, llora, grita. Mi pie derecho golpea una y otra vez su cabeza. Con una mano lo tomo por sus cabellos, lo sostengo de pie contra la pared. Con la otra golpeo: vientre, pecho, rostro. El cuerpo grita. El cuerpo grita. Muevo mi mano hacia abajo, soltando la cabellera. El cuerpo cae. El cuerpo grita. Mi pie golpea su nuca. El cuerpo no grita.

***

Hay un cuerpo muerto a mi lado. Siento el impulso, vuelvo a la vida. Busco otro cuerpo. En la calle todos se me ofrecen. Una y otra vez. Mi imagen compra, yo soy seductor. Todos se me ofrecen: Dios ha muerto. El cuerpo ha muerto.

13.1.08

No lo aguanto más. No lo aguanto, pero no lo puedo evitar. Ese impulso maldito que me surge, inagotable, que no es más que el irrefrenable deseo de ultrajar su blancura, violentarla, violar su virginidad con cualquier elemento que inscriba mi marca en ella, sentir cómo se resiste a mis ataques, pero sentir también su roce sensual en mis manos, sentir que de a poco comienza a dejarme obrar, el momento en que deja de ser una violación porque ella inicia su goce, y entonces mi mano se vuelve sensual, estimulante, la va llenando de a poco, presionando cada vez más, de modo de poder escuchar su murmullo producto de ese dolor placentero que con mi instrumento le ejerzo, y es ahí donde soy escritor y soy hombre, donde el falo es absolutamente mío para utilizarlo contra la hoja que se entrega, y claro que es una relación sensual y una relación sexual, en la que desde mi mano todo mi cuerpo es sexo y la posee, infinita y crecientemente, en cada palabra, tachadura o garabato, en cada violenta arremetida conra su cuerpo desvirgado, en cada suavidad de caricia que mis dedos le imprimen, y nos vamos elevando, ella cada vez más llena, yo vaciándome en una eyaculación de esto que ya fue escrito, hace mucho, de esto que alguna vez leí y ahora me desprendo, dejo por siempre grabado en el cuerpo de la hoja que nunca más podrá ser virgen e inocente, me quedo yo con su inocencia, la uso para confesarme y quedar libre de pecado, blanquear mi conciencia, para que queden olvidadas todas mis lecturas y mis escritos, vuelvo a ser niño, virgen e inocente, asexuado, justo allí donde la hoja alcanza su pequeña gran muerte, cuando se llena y acaba, cuando ya no me queda más por escribir.

9.1.08

Quiero decirte algo, y no sé qué. Quiero, verdaderamente quiero, porque a cada instante de silencio se eterniza tu dolor y el mío, cada vistazo a tus ojos llorosos es en los míos una lágrima, que es el cuerpo y el alma que juntos se van, porque no nos movemos ni decimos ni gritamos y
te fuiste. Con el corazón roto, te fuiste. Al final tenía razón Freud: el tren aleja a mi amigo, y el celular te trae a este pelotudo que te caga la noche. Y lo peor es que el pelotudo no tiene la culpa, es hombre y celoso y pelotudo, como somos todos, y quién no se preocuparía si su novia fueras vos, mujer bellísima y aún más inteligente, sociable, sonriente, bien dispuesta, y resulta que te vas a mil kilómetros de distancia, a rodearte de vaya uno a saber quién y en una de ésas quién te dice que
No lo cagás. Es una obviedad eso. No se lastima a quien se quiere, y vos lo amás, más que a nadie ni nada, más que a todo, lo amás. Lo amás, como nadie nunca amó, aunque todos seamos humanos y podamos enamorarnos y amar, en el fondo, sabés que nunca nadie amó como vos, nunca nadie amó tanto, y
¿qué te puedo decir? ¿Qué te podría haber dicho cuando todavía estabas? ¿Qué te importa a vos si es hombre, celoso o pelotudo? ¿Qué te importa a vos más que el aparatito de mierda que transforma el amor en una escenita pelotuda y un quiebre y la tristeza y desolación? Qué me importa a mí, si no hay nada que pueda decirte, nada que pueda hacerse entender, si ésta es una historia de sentimientos y para sentir hace falta la presencia, y vos te fuiste y yo estoy solo con mis cigarrillos.

9.3.07

...

Hoy es tu cumpleaños. Pasó mucho tiempo ya. Y no sé qué decirte. Sé que te estoy aburriendo con mis palabras, para no perder la costumbre; sé que no te importa que yo me acuerde porque vos también tenés en algún lugar de tu cabeza esas historias; sé que no debería estar escribiendo esto, que vos estás comprometida y yo no soy más que un recuerdo: latente, vivo, que todavía sangra y todavía desgarra, porque sabés que te amo y, aunque ya no lo grite, me seguís escuchando.

12.5.06

En defensa del suicida

Suicidarse es algo tedioso. Parece sencillo, siempre dicen que son los débiles o los cobardes quienes se suicidan. Pero no. Es una tarea extremadamente complicada, realizable por sólo aquellos que disponen de un gran coraje.
Generalmente, a la hora de tomar una decisión de cierta relevancia, las personas tenemos la tendencia a consultar con algún pariente, algún amigo, algún profesional: pedimos opiniones, las comparamos, las contrastamos, y luego decidimos. Está más que claro que un suicida no va por la vida preguntándole a la gente "¿le parece bien que me mate?" o "¿cuál cree usted que es la forma más correcta de suicidarse?". No, claro que no lo hace. Los "suicidas" que hacen eso son unos cobardes y terminan siempre escapando a la muerte, ayudados por alguna droga, algún amigo o algún hospicio; un verdadero suicida, en cambio, transita en completa soledad el recorrido. Luego de tomada la decisión de matarse, el suicida debe superar otra prueba: debe suicidarse solo, sin ayuda de nadie (bien sabido es que el suicidio asistido no es otra cosa que un homicidio encubierto).
Recapitulando: tenemos a un solitario suicida encerrado en un cuarto, que además de no haber podido realizar consultas al momento de decidir suicidarse tampoco está acompañado ahora para quitarse la vida: llegó solo hasta aquí, y solo seguirá su camino hacia la muerte: tenemos al suicida una vez más demostrándonos su valor, no en su determinación y capacidad de actuar solitariamente, sino al matarse: el suicida efectivamente muere, lo que significa que, además de tomar una importantísima decisión y obrar sin la ayuda de nadie, lo hace bien, cumple con su objetivo: el suicida ya está muerto y ha demostrado ser un hombre fuerte y valiente al que ni siquiera la muerte pudo hacer recular.

Aquellos "suicidas" que no cumplieron correctamente con el último paso, esos sí, son unos cobardes.